Inversiones

Es propio de la naturaleza humana celebrar el éxito. A la gente le encantan las ceremonias de entrega de trofeos, donde abundan los abrazos, las palmadas en la espalda y el papel picado. Todo el mundo quiere a un ganador. Sin embargo, el fantasma del “triunfo” asociado con las compañías que logran los mejores resultados en la industria de inversiones puede ser peligroso. A veces, la embriaguez de un período prolongado de resultados elogiables puede llevar a la apatía cultural, a la falta de humildad y a un menor deseo de innovar. Esta actitud colectiva, en última instancia, puede traducirse en futuros problemas. Por el contrario, las compañías de bajo rendimiento buscan constantemente nuevas formas de generar valor, de aprovechar la innovación y de ingresar al podio de ganadores mediante un gran esfuerzo. Los Directores de Inversiones (CIO, por sus siglas en inglés), responsables de invertir en nombre de los tenedores de activos, deben reconocer que las compañías de bajo rendimiento podrían ofrecer excelentes oportunidades, sobre todo cuando las empresas exitosas hoy en día se han instalado demasiado cómodamente en su posición de ganar. A continuación se presentan cinco razones por las cuales los CIO no deben pasar por alto a las compañías de bajo rendimiento a la hora de buscar nuevos caminos para invertir los activos de sus clientes: 1. La falacia del éxito continuo La industria de inversiones está predispuesta a considerar el éxito pasado como un indicador del éxito futuro. La lógica nos indica que las compañías que han generado resultados positivos en el pasado tienen el talento, la mentalidad y los recursos necesarios para generar los mismos resultados en el futuro. Sin embargo, este sesgo puede resultar engañoso. El éxito continuo nunca está garantizado en la industria de inversiones, e incluso podría considerarse un pasivo. Una de las características innatas de las personas es su naturaleza falible, y las compañías de inversión están dirigidas por personas, quienes son proclives a todo lo que conlleva el éxito: apatía, soberbia, y a que la inercia del pasado los lleve a la complacencia. El mundo está lleno de parábolas sobre los innumerables peligros del éxito, y la naturaleza humana está siempre en el centro de tales fracasos. El proverbio chino “Los espectadores ven más del juego que los propios jugadores”, destaca los riesgos de adoptar un punto de vista limitado y por qué resulta conveniente consultar opiniones externas. Basarse exclusivamente en recursos probados puede llevar a una cámara de resonancia de las mismas estrategias, actitudes e ideas conforme avanza el tiempo. La tendencia de la industria de inversiones a considerar el éxito pasado como un indicador del éxito futuro es un sesgo comprensible, pero frágil. Replicar estrategias efectivas es una fórmula que lleva a la obsolescencia en una industria en constante evolución. Por el contrario, las compañías con bajo rendimiento, muy conscientes de sus propios defectos, siempre están pensando en nuevas oportunidades para el futuro. Los CIO experimentados que han sido testigos de los riesgos inherentes al supuesto éxito continuo se inclinan más a valorar la creatividad y la creación de futuro. Basta con mirar hacia atrás para ver cuánto ha cambiado la industria de la inversión en los últimos diez o veinte años. El cambio nunca se detiene. 2. La trampa de la complacencia Los CIO deben ejercer la debida diligencia en nombre de sus clientes al evaluar los beneficios percibidos de trabajar con las compañías de inversión con mayor éxito en la actualidad. La complacencia es una trampa psicológica muy fuerte y común. Después de todo, si los clientes están contentos y se genera valor, ¿por qué cambiar? Sin embargo, la complacencia es engañosamente silenciosa; pasa desapercibida en el tiempo, casi imperceptiblemente, y se convierte en parte de la cultura y de las rutinas operativas de una compañía. La complacencia, como la consecuencia del éxito, puede enmascararse como éxito en sí mismo y arraigarse tan pronto como una compañía comienza a darse palmaditas en la espalda, y a mostrar sus últimos premios de la industria bajo las luces brillantes de la vitrina (¡los has visto! ). El antídoto contra la complacencia es la vigilancia, la humildad y la acción. Las compañías de inversión deben buscar ideas innovadoras o diferentes, y aprender a aprovechar las nuevas tecnologías y regulaciones. Puede que las compañías exitosas ignoren la inevitabilidad y el amplio poder del cambio debido a que están cegados por el brillo de sus fortunas actuales. Lo que funcionó ayer sin duda funcionará hoy y probablemente mañana, piensan. Todas las compañías de inversión, independientemente de sus circunstancias actuales, deben centrarse en lo que viene después. Las compañías que experimentan con estrategias y mecanismos que pueden ofrecerles una ventaja competitiva es más probable que se anticipen al cambio en lugar de perseguirlo. Las compañías de inversión que tienen algo que demostrarse a sí mismas y al mercado, introducen el cambio como una oportunidad. 3. El dilema del cliente Los clientes satisfechos se resisten al cambio por obvias razones. ¿Quién en su sano juicio cambiaría una estrategia que actualmente brinda excelentes resultados? Por lo tanto, la responsabilidad de implementar nuevas estrategias y una visión audaz recae en la compañía de inversión. Para triunfar en el futuro, resulta fundamental educar a los clientes en la actualidad. El comité de inversiones de una empresa debe estar seguro de sus convicciones si desea desviarse de un camino históricamente lucrativo. Cambiar de rumbo y arriesgarse será más difícil cuando el rendimiento histórico de la compañía ha sido sólido. El dilema del cliente limita a las compañías de inversión con la desventaja de estar atrapado en una relación que se opone inherentemente al cambio. Las compañías de bajo rendimiento, particularmente aquellas menos consolidadas que aún están construyendo su propio nombre, no suelen tener clientes a largo plazo y, por lo tanto, no enfrentan los mismos obstáculos. Al no tener que luchar contra la atracción gravitatoria del éxito a largo plazo, tienen libertad para explorar enfoques nuevos o menos tradicionales para crear valor. Para las compañías de inversión que solo pueden moverse tan rápido como sus partes más lentas, a veces los clientes satisfechos generan vientos en contra que, a largo plazo, van en contra de sus intereses. 4. El tiempo lo es todo En la industria de inversiones existen innumerables compañías que están en algún punto de su ascenso o declive. Los CIO, para atender eficazmente a los tenedores de activos que los emplean, deben esforzarse por estar lo más informados posible con respecto al momento justo. Deben tener la capacidad de leer las cartas, por así decirlo, para identificar de dónde provienen las ideas más innovadoras y saber cómo capitalizarlas antes que nadie. Las compañías con mejor rendimiento podrían estar aparentemente cerca de dicho declive porque han alcanzado su potencial, y en un esfuerzo por mantener dicho éxito, han enfocado su energía hacia adentro en lugar de hacerlo hacia afuera, que es donde nacen el cambio y las oportunidades. Al determinar las mejores estrategias de inversión para sus clientes, los CIO deben realizar evaluaciones cualitativas orientadas al futuro. La ventaja competitiva se puede encontrar en las compañías de bajo rendimiento que ofrecen estrategias que brindan nuevas perspectivas. Si un CIO espera demasiado tiempo para reemplazar compañías de alto rendimiento en declive por compañías de bajo rendimiento en ascenso, podría ser demasiado tarde para aprovechar las oportunidades que se avecinan. En esta industria competitiva, las noticias sobre “lo mejor y más nuevo” viajan rápido. El tiempo es clave. Los CIO que carecen de convicción pueden perderse las oportunidades revolucionarias que presentan las firmas menos conocidas. En las famosas palabras del financiero  James Goldsmith, “si puedes ver la última tendencia, ya es demasiado tarde”. 5. La tecnología en evolución y la inteligencia artificial La industria de inversiones está entrando en una nueva era de experimentación tecnológica. Habrá ganadores y perdedores; la disrupción de las tecnologías modernas como la inteligencia artificial será la norma. Las FinTech están revolucionando la industria, y están preparadas para catapultar a las compañías de bajo rendimiento expertas en tecnología a nuevas esferas o relevancia. Los CIO serán cada vez más puestos a prueba respecto de si entienden cómo las tecnologías, como blockchain, generan un impacto en el futuro de la industria. La inteligencia artificial y la automatización están haciendo progresivamente el trabajo de las personas reales, lo que significa que las compañías de alto rendimiento, con productos o servicios que requieren una gran cantidad de recursos y con operaciones cada vez más antiguas, son especialmente vulnerables al cambio. Esta atmósfera tensa hace que las compañías de inversiones nuevas, y quizás no probadas, sean más propensas a buscar fuentes alternativas de información y a aplicar la tecnología de nuevas maneras para obtener valor. Las compañías con bajo rendimiento también pueden utilizar las nuevas tecnologías para adquirir protagonismo, ya que la era digital ha democratizado el acceso a la información y los recursos. La historia de la inversión nos enseña que el futuro de la industria provendrá de lugares inesperados. Las medidas de éxito pasadas, como los activos administrados y el tiempo de aplicación de una estrategia particular, suelen predecir el éxito futuro. Para lograr un alto desempeño a través de la gestión activa, los CIO deben tener en cuenta a las compañías de bajo rendimiento que ofrecen estrategias y mentalidades nuevas e innovadoras. La transformación digital de la industria de inversiones está en marcha y avanza a un ritmo vertiginoso. Por último, es propio de la naturaleza humana buscar lo que resulte familiar y cómodo. La marca comercial y la reputación de algunas compañías con un alto rendimiento pueden ofrecer una sensación de seguridad tranquilizadora e intangible. Para competir, las compañías con bajo rendimiento deben ofrecer estrategias prospectivas que diferencien sus servicios de los de sus competidores establecidos hace tiempo. Esa lucha por sobrevivir es lo que impulsa la innovación y el cambio. Y ese instinto de supervivencia es lo que muchas de las empresas exitosas de hoy pueden perder como resultado de su buena suerte.

Deb Clarke | 07 feb 2019
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