Salud

Los trabajadores solían jubilarse a la edad de 65 años y luego seguían viviendo de las pensiones, de sus ahorros y del apoyo de la familia. Pero ahora que las personas son más saludables y viven más, jubilarse a mediados de los 60 años ya no resulta tan atractivo. Muchas personas deciden trabajar hasta avanzados los sesenta y los setenta años, no solo porque quieren, sino más probablemente por una necesidad económica. El reciente estudio de Mercer, Salud, Riqueza y Trabajo Inteligente: Las Nuevos Imperativos para la Seguridad Financiera, analizó las fuerzas que afectan la seguridad económica y las opiniones sobre la jubilación. El estudio, que abarcó 12 países, encuestó a 7000 adultos de seis grupos etarios y a 600 altos ejecutivos empresariales y funcionarios de gobierno. Más de dos tercios (68%) de los encuestados en el estudio, expresaron que esperan seguir trabajando más allá de la edad tradicional de jubilación. Hoy en día, la manera de trabajar y de “jubilarse” ha cambiado radicalmente. Los empleadores y los trabajadores necesitan adaptarse. Esto es especialmente cierto en mercados en crecimiento como los de Asia y América Latina, que se están expandiendo rápidamente y en los cuales la creciente clase media es optimista con respecto al futuro. Sin embargo, necesitan las herramientas para garantizar que puedan mantener este estándar de vida de mayor calidad, recién descubierta, de los últimos años. Urbanización Mientras esta población que envejece hace frente a las economías urbanizadas, también se generará un impacto en varias generaciones de trabajadores y en las estructuras familiares. Por ejemplo, en China, donde las generaciones más jóvenes tradicionalmente mantienen a las generaciones mayores, y donde se calcula que el 60% de la población de este país vivirá en ciudades para el 2030, la urbanización dará forma a los tejidos físicos y culturales de este pujante país. Las familias chinas se enfrentan ahora a precios de vivienda, transporte y alimentos muy elevados, sin mencionar una movilidad laboral cada vez más limitada. América Latina es también una de las regiones del mundo más urbanizadas (en comparación, la Unión Europea tiene una tasa de urbanización del 74 %; la región de Asia Oriental y el Pacífico de un 50 %). Para el año 2050, el Programa de Naciones Unidas para Asentamientos Humanos (UN-Habitat) pronostica que el 90 % de la población de América Latina vivirá en ciudades. América Latina, al igual que China, ha tenido una cultura que tradicionalmente se ha basado mucho en la familia, por lo tanto, la urbanización podría tensionar también las estructuras familiares y la movilidad laboral1. La hora de jubilar la jubilación Hoy en día, en promedio a nivel mundial, las personas esperan pasar 15-20 años jubiladas. Sin una buena planificación, es posible que muchos vivan más de lo que le permitan sus ahorros o que tengan que reducir la calidad de vida esperada. Estas realidades se agudizarán más en muchas de las economías en crecimiento, donde los beneficios de la jubilación financiados por el empleador suelen ser insuficientes y los sistemas de pensiones del gobierno ven amenazada su sostenibilidad. La proporción de trabajadores activos con respecto a la cantidad de jubilados se reducirá drásticamente en los próximos 20 años, que disminuirá, a nivel mundial, de 1:8, en la actualidad, a 1:4 en 20502. Países como Chile, China y Brasil reducirán la proporción a la mitad hasta 1:2. Esto ejerce una presión extraordinaria en los sistemas sociales. La presión aumenta con el alto índice de trabajadores informales en la mayoría de los países en crecimiento. Los trabajadores informales pueden llegar a constituir hasta el 50 % de la mano de obra en algunos países. Es difícil que estos trabajadores contribuyan a la seguridad social y a los sistemas de pensiones, o que obtengan beneficios de ellos. Además de las implicaciones individuales, esto también puede tener profundas consecuencias macroeconómicas3. La proporción del gasto en pensiones con relación al PIB también está aumentando en los mercados en crecimiento. Si a esto sumamos la población que envejece, la sostenibilidad de los sistemas de pensiones del gobierno es aún menor. Por ejemplo, Italia, Grecia y Ucrania tienen uno de los más altos porcentajes de gastos en pensiones, aproximadamente el 16 % del PIB, que eran alrededor del 10 % en el año 2000, lo que señala la rapidez con la creció el gasto en pensiones. Muchos otros países de Europa tienen porcentajes considerablemente altos (> 11 % del PIB), entre los que se encuentran Portugal, Francia, Austria, Eslovenia, España y Finlandia. En este contexto, el gasto en pensiones públicas de Estados Unidos es actualmente del 7 % del PIB, mientras que en Japón y Hungría es del 10 % del PIB4. Con sociedades que envejecen rápidamente, las organizaciones deberán ser mucho más flexibles en cuanto a la oferta de programas que satisfagan las necesidades de una amplia variedad de empleados, desde los millenials, que suelen cambiar de trabajo muy a menudo, y los trabajadores informales, que buscan estabilidad financiera, hasta los trabajadores de mayor edad que buscan mantenerse sanos para trabajar más tiempo y garantizar que podrán contar con ingresos en sus últimos años. En 2010, las regiones en crecimiento de Asia Oriental y el Pacífico representaban el 36 % de la población mundial de más de 65 años. Entre 2015 y 2034, se espera un crecimiento de la población de mayor edad de aproximadamente el 22 % cada cinco años, solo en Asia Oriental5. A medida que exploramos el envejecimiento y la urbanización en los mercados en crecimiento, nos damos cuenta de que los empleadores deben estar preparados para una fuerza laboral conformada por individuos de varias generaciones. Una gran parte de la mano de obra está envejeciendo, y no se jubila. Además, mientras más trabajadores de edad avanzada decidan vivir en zonas urbanas, menores serán la movilidad laboral y las opciones de la industria, sin mencionar un mayor costo de la vida que seguramente se elevará cuando las clases medias y altas demanden inmuebles en las zonas urbanas. Esto genera una presión en la capacidad de las personas para vivir bien durante más tiempo. Las diferentes expectativas en torno al trabajo y la jubilación por parte de los empleadores y los empleados podría resultar útil para ambos grupos. Los trabajadores de más edad cuentan con una importante experiencia que podría ser sumamente valiosa, y los empleadores que sepan mantener a estos empleados para que contribuyan durante más tiempo pueden obtener una ventaja competitiva. Las oportunidades para que las personas trabajen una década o dos más (o tres) en diferentes funciones o con horarios adaptados significaría que estos individuos tendrían muchos más años para aportar a sus ahorros e inversiones. Lo ideal sería que se pudiera mantener un plan de ahorro constante durante un plazo más largo, independientemente de cómo la gente estructure su vida laboral. También podría brindar mejores resultados de jubilación para quienes se tomen un tiempo de descanso del trabajo, estructuren su trabajo de manera más flexible o trabajen en la economía informal. En el plano político, es tiempo de considerar un aumento de la edad de jubilación o incluso su eliminación. Asimismo, muchos países deben considerar incentivos para que las personas trabajen más allá de la edad habitual de jubilación. Mientras que algunas economías en crecimiento, por ejemplo Singapur, lo han hecho con éxito, la cantidad de sistemas de pensiones sociales que incentivan a la gente a trabajar más tiempo aún es pequeño. Qué pueden hacer las personas En todo el mundo, los encuestados consideraron que la planificación de la jubilación era su propia responsabilidad y, en su mayoría, eran optimistas con respecto a su capacidad de ahorro. China, por ejemplo, ocupó el puesto más alto en cuanto a su optimismo para el futuro. El setenta por ciento espera mantener su calidad de vida después de jubilarse definitivamente. Esto quizás se deba al rápido crecimiento de la clase media y a la cultura de ahorro tradicional. Si bien estos ahorros podrían no estar necesariamente destinados a la jubilación, ahorrar para el futuro forma parte de la vida diaria de muchas personas de este país. Por otra parte, Japón, que es la segunda sociedad del mundo con población de mayor edad,6 tiene una seguridad financiera muy baja, el 72 % de los encuestados afirma no sentirse económicamente seguros. Solo el 21% espera mantener la calidad de vida deseada después de su jubilación definitiva y solo el 8% está seguro de haber ahorrado lo suficiente como para garantizar sus ingresos durante la jubilación. No resulta sorprendente que el 78 % de los encuestados esté algo estresado por su situación financiera, y los principales factores que contribuyen a este estrés son la salud personal, la falta de confianza en una pensión del estado y la imposibilidad de poder ahorrar lo suficiente para la jubilación. Al enfrentar a todas las sociedades del mundo que envejecen, no solo en Japón, estas estadísticas alarmantes sirven de advertencia para el impacto que puede tener la falta de ahorro a largo plazo si no se toman medidas. Si bien aceptamos que prepararnos mejor para la jubilación es nuestra propia responsabilidad, no estamos tomando las medidas necesarias para mejorar nuestra seguridad financiera. El ochenta y cinco por ciento de los encuestados estaba dispuesto a cambiar su estilo de vida actual, dándose cuenta de que las concesiones, como ahorrar más o hacer recortes, eran necesarias para poder vivir más tiempo. El 40 % estaba dispuesto a ahorrar un mayor porcentaje de ingreso, seguido de un 32 % que estaba dispuesto a gastar menos y hacer recortes. Un 27% estaba dispuesto a hacer trabajos a tiempo parcial. Los encuestados buscaban mayor orientación con respecto a las concesiones que deberían hacer. Qué pueden hacer los empleadores Como las necesidades económicas en las últimas etapas de la vida varían, la flexibilidad es fundamental. Las personas desean elegir cuánto tiempo trabajar. Una importante función que desempeñan los empleadores es el de replantear los beneficios de la jubilación, especialmente desde que los trabajadores desean seguir trabajando más allá de la edad habitual de jubilación. Esto significa que, en muchos casos, los empleadores se benefician de la experiencia y de las habilidades de los trabajadores de mayor edad, sobre todo frente a una reserva de talentos que se reduce. Los empleadores tienen mucho que ganar si ayudan a sus empleados a mejorar su capacidad económica. Las investigaciones han demostrado que los empleados que no tienen una situación económica saludable suelen tener altos niveles de estrés y distracción, lo que genera una menor productividad, una peor atención al cliente y el deterioro de la salud. De hecho, el estudio de Mercer reveló que el 40 % de los encuestados a nivel mundial informó que la seguridad financiera le causaba estrés. El estudio también reveló que el 79 % de los adultos confía en el buen asesoramiento de los empleadores sobre planificación económica. El ochenta y seis por ciento de los empleados afirmó que si su empleador mejoraba los beneficios o agregaba el acceso a un plan de inversión, le generaría una mayor satisfacción con respecto al trabajo y un mayor compromiso con la organización. En resumen, los trabajadores esperan que sus empleadores les brinden asistencia para ayudarse a sí mismos. Estar preocupado por el dinero en el lugar de trabajo obstaculiza de manera significativa la productividad. Esto se podría eliminar si los empleadores ayudaran a sus empleados a encontrar las herramientas financieras y la información adecuadas para tomar decisiones económicas más inteligentes, lo que incluye opciones de ahorro a largo plazo. Más allá de los beneficios en la práctica, el compromiso de los empleadores de ayudar a sus empleados a lograr la seguridad financiera es simplemente algo que les corresponde. Estas herramientas serían especialmente efectivas para los millennials. Son la generación con menos seguridad económica en el mercado laboral actual. El noventa y tres por ciento está dispuesto a utilizar herramientas en línea para administrar y hacer un seguimiento de sus finanzas, datos personales y de salud, siempre que las herramientas sean fáciles de usar y sus datos estén seguros. El ochenta y dos por ciento de los millennials encuestados comentó que ahorraría más si entendiera el impacto de esos ahorros en años posteriores. Sin embargo, algunos recursos no tienen el mismo nivel de interés: El 52 % de los adultos no se siente cómodo con los gestores automatizados que brindan asesoramiento, y algo similar les sucede con los asesores financieros. Esto significa que las personas desean que las traten de manera individual a la hora de recibir orientación y asesoramiento. Los empleadores necesitan transformar los ahorros en una experiencia atractiva y hacerla posible a través de un lenguaje y de herramientas simplificados, y la capacidad de hacer un seguimiento de los ahorros y del progreso en tiempo real. Esto podría generar la misma explosión en la industria del ahorro que la que hemos visto en las últimas décadas en la industria del fitness, ayudada por la revolución del fitness de las décadas de 1970 y 1980, y las herramientas digitales actuales para hacer el seguimiento del rendimiento, incentivarlo y mejorarlo. Actuar ahora para vivir bien más adelante Actuar ahora corresponde a las empresas y al gobierno, y no es únicamente responsabilidad del individuo. La necesidad de adaptar productos y programas de ahorro a las nuevas realidades demográficas y económicas es urgente. La trayectoria actual podría poner en riesgo de pobreza a una gran cantidad de personas, sin mencionar la disminución de la productividad en el trabajo. El pensamiento creativo y estratégico transformaría la realidad futura para muchos. La dinámica de los ahorros para la jubilación debe cambiar para reflejar nuestras experiencias de trabajo y nuestros sistemas sociales modernos y diversos. La seguridad financiera no debería ser solo para aquellos con acceso a programas del empleador, de un género sobre otro, o de las generaciones mayores en detrimento de quienes los siguen. Las empresas públicas y privadas deben aunar esfuerzos para garantizar que la seguridad financiera esté al alcance de todos, ahora.

Renée McGowan | 12 jun 2018
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